martes, 22 de abril de 2014

El Baile del Oso



Estaba escuchando esta canción de Skyforger después de una conversación con mi amigo Sergio Mars, y me ha venido a la cabeza esta otra canción, cantada por un chico y una chica, en la que ella quiere entrar a bailar en la fiesta del Baile del Oso y él no quiere porque piensa que van a despreciarlos.

A veces en la vida te sientes como si hubieras llamado a la puerta de demasiados bailes, y lo importante no es en cuantos bailes has bailado, sino cuanto te quieren las personas que bailan contigo.

Así que dadnos calorcillo a los pequeños escritores y editoriales que nos quedamos fuera de los bailes grandes, que también tenemos nuestro corazoncillo.
Si vosotros aplaudis, nosotros seguiremos bailando.




EL BAILE DEL OSO

Ella:      Oye mira, hay una fiesta.
Oye mira, hay una fiesta.
Ven, entremos a bailar.

El:        Si hubiesen querido invitarme,
si hubieran querido ver mi danza
sin duda me habrían invitado.

Ella:      Mira, hay guirnaldas y rostros sonrientes.
Mira, las muchachas llevan cintas:
Tómame de la mano.

El:        Si te diera un beso sin que tu me lo pidieras,
sin que tú me miraras con ojos de deseo
enseguida pondrías un mohín retorcido.

Ella:      Oye, no tienes que besar a nadie.
Oye, no tienes que besar a nadie
sino excepto, tal vez, a mi.

El:        Deja el baile, luz de la tarde.
Deja el baile, fresa jugosa.
No somos lo bastante opulentos para entrar a bailar.

Ella:      Tus ojos tienen el brillo del agua clara.
            Los míos son polvo de canela.
            Ven y déjate admirar.

El:        Para sus ojos somos dos vagabundos.
            Para sus ojos, nuestros zapatos están manchados.
            Es una fiesta de zapatos relucientes.

Ella:      A todos los muchachos les gusta ser invitados.
            A las muchachas les gusta sus vestidos nuevos mostrar.
            Para los que no tienen zapatos con hebillas es difícil entrar.

El:        Nunca vestiré ceñidores de plata.
            Nunca cogeré mi pelo con un aro dorado.
            Caerá mi canto solitario entre el centeno.

Ella:      Hermoso es cantar ante una gran audiencia.
            Hermoso es el triunfo: por azar o talento.
            Ven, súbete aquí y canta ahora.

El:        Otros cantaron peor y hay rencor en mi garganta.
            Otros cantaron peor y los invitaron al baile.
Se enrojecen mis nudillos de llamar a las puertas.

Ella:      El mundo está loco, si eso te aflige, deja de cantar.
            Los besos que tienen que pedirse saben a carbón en la boca.
Si te duele la mano en la puerta, mejor dejar de llamar.

El:        Plumón de oca, si aún bailas, para ti he de cantar.
            Vellón de oro, en verdad estoy triste:
            Me gustaría que mi fama corriese como el viento.

Ella:      Eres un niño que quiere ser complacido.
            Te apenas si los demás no escuchan
            o escuchan a otro.

El:        Todo eso es cierto, mas ¿no tengo razón?
            Todo eso es cierto ¿dirás que miento?
            Es más grato cantar a los rostros que a las espaldas.

Ella:      Aquí tienes mi espalda, no dirás que no es hermosa.
            Aquí tienes mi espalda, descubierta de pieles.

            Ven y tómame de la cintura.


Córdoba. Medianoche. 22 de Abril.





martes, 25 de marzo de 2014

EL DIOS EN EL CUENCO

Ustedes me perdonan que no haya podido evitar el guiño al maestro Howard del titulo del post, ya que hoy vamos a hablar de cuencos. Bueno, vamos a hablar de Fantasía, pero mientras tomamos algo así como un bol de gachas.

En realidad los cuencos son lo de menos, al igual que de cierta manera, se puede decir que el Anillo que porta Frodo es lo de menos. Lo importante es cómo nos aproximamos a la Fantasía, o a lo fantástico.

Desde mi punto de vista hay dos formas esenciales de enfrentar lo fantástico: desde lo exótico o desde lo cotidiano.
Me explicaré. Si uno habla sobre unicornios, no necesita más explicaciones: los unicornios son criaturas fantásticas por sí mismas, como los dragones, los trolls, los gigantes, las lamias, los elfos, los hechiceros, las brujas, los kelpies, los korrigan, los brownies, los gnomos, los enanos, las profecias, los elegidos...  en fin, todos los monstruos y la pequeña gente que pueblan los cuentos y leyendas. Están ahí, los conocemos, pero no forman parte de nuestro mundo real.
Hay un tipo de Fantasía que se sumerge de cabeza en este tipo de historias: habla a menudo de cosas grandes y poderosas. Héroes, villanos, objetos únicos... de suerte que ha terminado habiendo tantos que ya ninguno es único. Cuando cada historia habla de un héroe, el héroe es lo normal.
Cuando el protagonista siempre es el Elegido, ser el Elegido es lo normal.... porque lo normal es eso que sucede a menudo, y no me dirán ustedes si no hay héroes y monstruos y tramas que se repiten tanto en las historias que parece que las personas corrientes no tienen cabida en ese mundo (hablo de personas corrientes de verdad, no las que parecen corrientes y tienen una marca de nacimiento que los convierte luego en el enviado profético).

Luego hay otra escuela, con menos dorados y más hierro, con menos brillos y más pan en el morral que se acerca a la Fantasía desde lo cotidiano, reivindicando que la Fantasía no es otra cosa que NUESTRA capacidad para imaginar un mundo distinto y mejor (o más interesante).
Tolkien, del que me oirán hablar mil veces, conjugó ambas cosas magistralmente. Y junto a un mundo lleno de prodigios y héroes, hizo que todo dependiera de dos hobbits, todo el Señor de los Anillos está escrito desde el punto de vista de los hobbits, de las personas corrientes. El objeto central de su obra magna, el Anillo Único, es un anillo corriente, sin adornos, que sólo revela su naturaleza al exponerlo al fuego. ¿Qué nos dice Tolkien con esto? Que podemos asombrarnos ante las obras de arte de los elfos, ante la magnitud y la crueldad de los dragones, pero que para ver el verdadero Poder, tenemos que ver más allá de las apariencias. Que el verdadero poder puede ocultarse en los objetos que nos rodean, que la Fantasía no son los dragones, sino los amaneceres que nos hacen imaginar su fuego.
El mismo anillo es un gran ejemplo: ¿Cuantos objetos podrían haber sido centro de poder? Varitas, cetros, diademas... artefactos que pregonan nada más verlos en manos de un mago: cuidado conmigo. Sin embargo el más poderoso de ellos es un anillo que a poco que uno se despiste, pasa inadvertido.

En una época de más esperanza creo que leería con más placer la Fantasía más grande (que no más poderosa) de los héroes. Pero hoy por hoy necesito saber que aunque mire alrededor y sólo se vea grisura, la magia está allí esperando que le de un rayo de sol para lanzar un brillo que revele que bajo una hoja hay una sombra extraña.

Que me perdonen los amantes de las Sagas de la Dragonlance por traerlas a penar en un ejemplo. Yo también las leí cuando empezaba, pero me disgustaron enseguida. Por una sola razón: ¿hombres montando dragones? ¿en qué convertía eso a los dragones? ¿en caballos voladores? Yo tenía en la retina a Smaug el Magnífico. Un solo dragón. UNO. Que llena un libro entero de terror y aventura. Cuando tienes mil dragones ¿cómo puede impresionarte el dragón nº 568?
Y sin embargo, los botones de Tolkien que se abrochaban solos me hacían fantasear con que mis botones podrían ser unos de aquellos porque... ¿quién sabe?
Tolkien, desde mi vida diaria, me decía: Tú también puedes formar parte de la Fantasía si quieres. Sólo necesitas botones y saber que las cosas no son lo que parecen.

Me doy cuenta que no estoy hablando nada de cuencos, pero le pongo remedio enseguida. Os contaré la historia nada fantástica de cómo un estudiante de empresariales llegó a poseer un cuenco shaolin en la estantería de su salón.

Hace años, cuanto yo pasaba de filo las dos decenas de edad los monjes shaolin hicieron un tour por Europa y pasaron por Córdoba. Unos amigos y yo nos sacamos las entradas para la exhibición con enorme nerviosismo ¡los monjes shaolin!
Para los que sepan de artes marciales la exhibición fue una muestra de las habilidades de shaolin: Chi-kun, katas, proezas físicas que bordeaban lo increíble, rotura de bloques de cemento con la cabeza, un maestro de 90 años con la flexibilidad de un niño de 5 y una habilidad curiosa que resultaba de colocar un cuenco corriente de metal pegado a los músculos del estómago de forma que ni tres personas tirando juntas podían quitárselo al monje de la barriga... Estábamos con los ojos abiertos como platos.
Cuando terminó el espectáculo los monjes anunciaron que habían traído objetos de su país para vender a quienes lo desearan. Se hizo el barullo propio de gente que quería hacerse con las espadas, las cintas, los quimonos... todo brillante, precioso, oriental... evidente. Yo no quería llevarme una espada shaolin con el mango dorado y una borla, o una lanza de las decenas que traían y que no tenían para ellos más importancia que para nosotros unos cubiertos de mesa. Yo quería llevarme algo de la magia, algo único, algo que no pudiera comprarse con dinero... y me dirigí a uno de los monjes y le dije: Perdone ¿podría venderme el cuenco que han usado?
El monje puso una cara extraña porque el cuenco no era de lo que pensaban vender y no entendía qué podía tener un cuenco de especial, pero yo, por encima de espadas cromadas y la ropa exótica, sabía que el cuenco era de verdad, era algo de ellos, ordinario y por ello, auténtico. Las espadas no significaban nada para ellos, las traían para vender, pero el cuenco era suyo. Suyo de verdad.
Me lo regalaron y desde entonces lo tengo siempre a la vista en mi casa. Para recordarme que si un tazón de metal, en apariencia tan vulgar y corriente como cualquier otro, esconde el secreto de haber pertenecido a un maestro shaolin que cruzó el mundo y pasó cerca de mi ¿cuántas cosas que nos parecen corrientes no serán en realidad las pruebas vivas de que habitamos un mundo sorprendente y maravilloso?
Si un tazón puede ser un objeto único traído del lejano oriente, tal vez los héroes que necesitamos estén a nuestro alrededor bajo apariencias comunes, y tal vez, tal vez, puedan ser incluso alguno de nosotros.


Como el Anillo Únillo, mi cuenco no tiene nada que lo haga especial a la vista. Es tan corriente que hasta he encontrado una foto del mismo modelo de cuenco. Es tal cual veis en la imagen si cambiáis el blanco por amarillo y le añadís un par de desconchones.
No importa lo que parezcamos. Hasta un humilde cuenco puede esconder una historia. Y no hay gente pequeña.

martes, 18 de marzo de 2014

El Reel de la Banshee



Aunque la anécdota de mi cuenco shaolin sigue en la lista de historias pendientes, hoy tengo la cabeza espesa como olla podrida.
Por ello y para no incurrir en la iras de Felipe Orce, he buscado una canción que compartir con vosotros en esta ocasión.
Pensando que este año no he hecho nada para celebrar el Día de la Mujer Trabajadora, he recordado una divertida canción que escribí para que el público pueda contestar al cantante y gritar en ella.
Me gusta cuando desde la Fantasía se pueden reivindicar causas plenamente actuales, porque lo fantástico es sólo una forma de contar las cosas que nos pasan o nos preocupan, más hermosa acaso, que la mera enunciación o la protesta.
Por eso en las revoluciones se persigue siempre primero a los poetas y los escritores, porque las plumas mueven más los corazones y los corazones ponen y quitan reyes.

La canción trata sobre una Banshee, que es un tipo de criatura sobrenatural celta que anuncia con su lamento una muerte próxima. Yo he escuchado varias versiones, unas más benévolas que otras: la más terrible es que el grito de la Banshee mata, más que anuncia, pero seguramente es una raíz nudosa de la historia original.
La definición más clásica de Banshee la podéis leer aquí.

Pues bien, en nuestra canción va de una de una chica que sólo sabe decir Aaaaaiiieeeeeh! y va matando con su grito a cuantos hombres pretenden casarse con ella. Al final de cada estribillo, el público tiene que gritar como haría la banshee, salvo una vez, en la que todo el mundo se calla, porque hay un mozo al que no mata... y ya he contado mucho!!

El Reel de la Banshee!!!!

(Fraseo)
Oi una vez una historia en el camino a Dublín
de una mujer de profundos ojos verdes
que salió un día del bosque
… y sólo sabía decir: Aaaaaiiieeeeeh!

(Canción)

Un campesino encontró una mujer:
Tenía profundos ojos verdes
Tenía las manos como petunias blancas
Tenía la cintura como una vara de avellano.

(Estribillo)
Le dijo: Mujer, barre la casa.
Le dijo: Mujer, enciende el fuego.
Le dijo: Mujer, ordeña la vaca.
Pero ella, mirando sus ojos aterrados
sólo dijo: Aaaaaiiieeeeeh!


Un comerciante encontró una mujer:
Tenía profundos ojos verdes
Tenía el cabello como un río de noche
Tenía las mejillas como pan recién hecho.

(Estribillo)
Le dijo: Mujer, pon la mesa.
Le dijo: Mujer, lava la ropa.
Le dijo: Mujer, haz la cama.
Pero ella, mirando sus ojos huidizos
sólo dijo: Aaaaaiiieeeeeh!


Un marinero encontró una mujer:
Tenía profundos ojos verdes
Tenía la piel como plumón de oca
Tenía los labios como gotas de sangre.

(Estribillo)
Le dijo: Mujer, atiende el puchero.
Le dijo: Mujer, prepara el pescado.
Le dijo: Mujer, limpia los zapatos.
Pero ella, mirando sus ojos asustados
sólo dijo: Aaaaaiiieeeeeh!


Un soldado encontró una mujer:
Tenía profundos ojos verdes
Tenía los hombros suaves como vellón de oveja
Tenía los muslos de endrino joven.

(Estribillo)
Le dijo: Mujer, que tus manos sólo recojan rosas.
Le dijo: Mujer, que tus pies caminen donde tú los lleves.
Le dijo: Mujer, que te sirvan miel en tazón de plata.
Y ella, mirando sus ojos honrados
Sólo dijo: …………….... (silencio)


(Estribillo final)
Le dijeron: Mujer barre la casa
Le dijeron: Mujer pon la mesa
Le dijeron: Mujer atiende el puchero
y ella, tomando el corazón de todos menos uno

sólo dijo: Aaaaaiiieeeeeh!








sábado, 1 de marzo de 2014

ESPINOS, TATUAJES Y VISITAS NO DESEADAS.

(un petirrojo en la rama de un majuelo)

 
Es curioso cómo las historias echan raices y florecen cuando menos te lo esperas.

Hace mucho, mucho tiempo, cuando era un niño, lei una historia de Miguel Delibes llamada " El matacán del majuelo" incluida en sus "Viejas historias de Castilla la Vieja.". No recordaba lo que era un majuelo, más allá de un tipo de árbol, pero sí lo que era un matacán: una suerte de liebre salvaje según describe Delibes.

“El matacán del majuelo del tío Saturio llegó a ser una obsesión en el pueblo. El matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle. Por otra parte, la carne del matacán no es codiciada, ya que el ejercicio la endurece, el sabor a bravio se acentúa y por lo común no hay olla que pueda con ella. Esto quiere decir que el afán por cazar el matacán no lo inspiraba la apetencia de la presa sino que era una simple cuestión de amor propio. La liebre aquella se diría que tenía inteligencia, y sabedora que en el pueblo había buenos galgos, encamaba siempre en el majuelo del tío Saturio. De esta forma, cuando el galguero la arrancaba, sus fintas y quiebros entre las cepas le daban una ventaja inicial que luego incrementaba en el Otero del Cristo, ya que las liebres, como es sabido, corren mejor cuesta arriba que cuesta abajo. El matacán regateaba muy por lo fino y así que alcanzaba las pajas de la vaguada podía darse por salvada, ya que las laderas del Otero del Cristo la conducían al perdedero y, en fin de cuentas, a la libertad. De otro lado, si el Antonio o el Norberto le acechaban con la escopeta, el matacán se reprimía si el majuelo tenía hoja o se arrancaba largo si no la tenía, y en uno u otro caso, tanto el Antonio como el Norberto siempre erraban [...]“

Aparte de la curiosidad de que no existe acepción de la palabra "matacán" en el diccionario de la RAE que se refiera a ninguna liebre (antes bien es una construcción que se sitúa en lo alto de una muralla) la belleza de la palabra "matacán" me acompañó desde entonces de manera que nunca olvidé la historia de "El matacán del majuelo".


Pasaron varios años hasta que hace unos meses, recién estrenada la página de Facebook de "Reyes de aire y agua" una chica colgó en nuestro muro un enlace que me pareció muy inconveniente y desconsiderado. No porque fuera maleducado (si es que no lo es presentarte sin invitacion y con malos modos) sino porque venía a soltar un link contra el sufrimiento animal que, uno podía o no suscribir, pero que no tenía nada que ver con nuestra página. Por ende a mi, que soy amigo de las buenas maneras me molestó completamente que no hubiera un saludo, ni una explicación, ni unas palabras fuera de corta/pegar un video muy desagradable y un "ahí queda eso", seguramente lleno de buena intención pero de horribles modales.
Me irritó mucho pero no me gusta borrar ningún comentario de las páginas o blogs que tengo: al fin y al cabo, cuando uno se muestra en público, encuentros afortunados y desafortunados van en el sueldo.
De todas formas tampoco me parecía que una cosa así debiera quedar sin reprimenda y, como particular agradecimiento por presentarse en nuestra casa sin ser invitada escribí para aquella chica la historia de una joven que se presenta en el Castillo de No sin ser invitada y la recepción que la Reina hizo de ella.
Esa historia dio luz sobre los espinos blancos que crecen alrededor del castillo que son famosos por su crueldad y terrible aspecto.

Y hace muy poco tiempo, dos amigas (tatuadora y tatuada) compartieron con nosotros el tatuaje de un majuelo que una de ellas se había dibujado en la espalda.

¡Un majuelo! -pensé- pero ¿quién conoce hoy en día lo que es un majuelo? Me vino a la cabeza de inmediato mi historia del matacán y tras tantos años con aquello en la cabeza me decidí a averiguar lo que era un majuelo. Y ¿qué era, entonces? Nada sino ¡una variedad de espino blanco! Como los que la Reina del Castillo de No siembra para su placer alrededor de las murallas.

No es de extrañar el gusto de la Reina por los espinos blancos. De hecho, el primero de ellos, al que hace referencia esta historia fue plantado en la puerta del castillo, un majuelo, del que la reina gusta de tomar sus hojas en infusión porque (ved cómo las historias se retuercen y vuelven sobre si mismas y tienen mucha más verdad de la que nosotros mismo entrevemos) la infusión de hojas de espino blanco son utilizadas entre otras aplicaciones para paliar las dolencias del corazón.

Así que aquí teneis una historia que comenzó cuando yo era niño, y floreció 30 años después, regada por una visita inconveniente y un hermoso tatuaje.
Si la reina del castillo tiene o no tatuado un majuelo a la altura del corazón, esto no lo sabemos.

Disfrutadlo, y recordad que cuando entrais en un lugar sin ser invitados la gracia y la desgracia juegan con las mismas cartas.


Dedicado a Fanny, que hizo el tatuaje, a Fay, que lo lleva con gran belleza, y a una dama a la que deseamos que aprenda cortesía de forma contundente.



"Una vez, en el Castillo de No, logró entrar una joven con dalias en el pelo y jazmines en la mano. ¿Cómo lo logró? Esto no se cuenta, pero apenas llegó a la gran sala donde todos rumiaban la insípida comida, comenzó a sonreir y a regalar flores a quien quería aceptarlas. Esto irritó muchísimo a la reina, que haciéndola prender la trajo a su presencia y le dijo:
-Así como ciertas criaturas aguardan en el umbral a que se las invite a pasar, veo que igualmente otras lo traspasan sin ser invitadas. Y trayendo las manos cargadas de buena intención sin saber si sus regalos serán bien recibidos, los reparten creyendo hacer un bien. Pero el mundo es un lugar lleno de peligros, y se arriesga quien llama a puertas desconocidas siguiendo su propio impulso; pues si tal vez por azar puede ser bien recibido, también puede sin advertirlo tener un desafortunado encuentro.
No nos gustan las flores aquí, salvo las que están secas. Su perfume nos lagrimea los ojos y nos arruga el gesto. También tú llorarás como nosotros, y así te devolveremos tu regalo, pero no seremos crueles contigo. Sembraremos un espino por cada flor que trajiste y no más agua que tus lágrimas tendrá para su pujanza. Y cuando el último brote haya sido escupido por la tierra, tendrás las puertas de este lugar abiertas para marcharte si quieres.
-¡Pero lo que pides es imposible! -gritó la muchacha- Aún llorando día y noche ¿cómo lo conseguiré? Decenas de flores traje envueltas en ramillete.
-En eso nosotros te ayudaremos -contestó la reina con dulzura- pues motivos de llanto te daremos para que no cese el caudal. Así podrás volver cuanto antes a tu casa. -Y sonrió, porque la Reina se complacía en retorcer la crueldad hasta hacerla pasar por compasión, como le pasa a todas las inteligencias que se marchitan con la envidia y el odio.

Entonces llevaron a la muchacha a una mazmorra cuya única luz era una claraboya que iluminaba un gran tiesto con tierra. Y la reina decretó que los carceleros la ayudaran e hicieran cuanto estaba en su mano para aliviar pronto su castigo, a lo que se aplicaron devotamente, de forma que durante mucho tiempo los gritos se oyeron en el castillo día y noche, y hacían estremecer incluso a los corazones más curtidos.

Tanto complació esto a la reina que lo tomó por un castigo habitual, y los Espinos de Lágrimas del Castillo de No alcanzaron fama, pues eran de aspecto excepcionalmente cruel y retorcido. Con retorcidos tallos y retorcidas espinas, y si se los plantaba al aire libre las criaturas pequeñas quedaban enredadas en ellos y morían; y contaban que si la criatura podía llorar, el espino lo apretaba hasta que brotaban las lágrimas hasta su tallo.

Pero la reina guardó para sí el primer brote, e hizo que muchos desafortunados lo regaran en abundancia hasta que se convirtió en un arbusto enorme que plantó a las puertas del castillo como advertencia para aquellos que penetran en lugares oscuros sin ser invitados."




 

sábado, 8 de febrero de 2014

Mujeres de agua






Hace pocos días, continuando la impagable labor que Rescepto está haciendo para recuperar obras imprescindibles de la Literatura Fantástica, apareció una reseña del libro "Ondina" de Friedrich de la Motte.
Al hilo de esa reseña recordé un poema que escribí hace tiempo y que apareció en el que fue mi primer libro publicado "Todas las lenguas de los hombres".

Lo cierto es que cuando vio la luz "Reyes de aire y agua" muchas reseñas de mi biografía literaria mencionaban que yo venía del mundo de la poesía ("Todas las lenguas de los hombres" es un libro de poemas) y algunas de las observaciones que me hicieron los primeros lectores se referían al tono poético en muchas partes de los cuentos.

Curiosamente, también algunos de los lectores del libro de poesía observaron que a veces los poemas se deslizaban al lado fantástico, lo cual viene a confirmar que ando con un pie en cada sitio.

Hasta tal punto se suele deslizar la fantasía cuando escribo que a veces lo hace sin que yo mismo me de cuenta, y no ha sido hasta leer la reseña de Rescepto y recordar la existencia de las Ondinas (que, como las Náyades, las Sirenas, las Selkies, o los Kelpies) son espíritus de agua, que he recordado justo este poema que es con el que empieza el libro.

Aunque es un poema, dificilmente puede empezarse un libro con un tono más evocador y fantástico: "... ahogarse, mientras besas a una mujer de agua..."

Así que, aqui os lo dejo, con un enorme sentimiento de perplejidad al darme cuenta de cómo las leyendas y los cuentos forman parte de nosotros, incluso sin que lo sepamos, porque no estaba pensando en las ondinas cuando lo escribí, pero están ahí, como esa sombra que ves en la foto, que estaba desde el principio y que sólo ves ahora.

 Mujeres a las que besar. Mujeres con las que ahogarse.




.
.
.
.
.
Drop
(Gota)

Ahogarse
mientras besas
a una mujer de agua.
Los lirios mueren antes
de que les alcance el Invierno.

Vengo a la tumba del Amor
armado de escoplo,
como un escultor antiguo
que destroza
su mejor obra.

Los lirios florecen
en las cuencas de los cadáveres
llevan el Verano en las hojas.
Fugaces, casi etéreos,
los lirios coronan las testas
de los ahogados.

Todos los ríos comienzan con una lágrima
y bajan al coral y el olvido
arrastrando años y troncos de muchos anillos.

Vengo a la tumba del Amor
a traer las flores recien cortadas
de la inocencia
y a decir adiós en todas
las lenguas de los hombres.



Granada. 27 de Noviembre de 2010.



domingo, 26 de enero de 2014

La Cena del Diablo

Desde hace muchos años, siempre que puedo, vengo escribiendo en cuento de Navidad para felicitar el año a mis amigos. Pero como no tengo el dulzor de espíritu que tienen muchos de ellos, me salen inevitablemente cuentos de terror. Muy navideños, eso sí.

Como se trata de un regalo especial para los amigos, le encargo siempre la edición a los Gnomos Rojos, que imprimían el Nacht & Nebel Magazine y que por navidades imprimen un pequeño periódico a cuatro páginas y doble columna al estilo de las ediciones folletinescas de principios de siglo.

Aunque los temas relacionados con el libro me siguen consumiendo mucha energía (armar el blog, contestar los emails... no son cosas fáciles cuando no dispones de mucho tiempo libre) las Navidades han supuesto un respiro del tour de presentaciones con que acabó el año.

Las primeras críticas, y el recibimiento general del libro, me han dejado tan agradecido que pensé compartir algo especial estas Navidades con las personas que ya han entrado por su propia voluntad en este pequeño mundo Reyes de aire y agua.

Tan feliz parece todo el mundo al terminar de leer el libro que pensé regalar una pequeña chispa más a quienes han querido embarcarse en este proyecto con nosotros: así que busqué en casa algunos facsímiles de esos cuentos personales de Navidad que escribo para mis amigos y encontré que tenía bastantes ejemplares de uno de ellos, que me gusta especialmente.

Esto tenía que haberlo escrito en Diciembre ¡pero en Diembre ni siquiera teníamos blog! así que espero que me perdoneis el retraso y que el cuento sea lo bastante bueno para compensar la demora.

Es una historia que cuentan dos caballeros mientras pasean por las calles de Viena, sobre un troll que prepara todas las Navidades la cena al Diablo, y una casa negra con las ventanas y las chimeneas cegadas donde sólo se ven luces la medianoche del 24 de Diciembre.

Es una historia terrible ¡no se la leais a niños pequeños! inspirada en una canción que le oí a Morwen la Bruja, cantando con los Bardos Errantes.

Como imagino que no lo podreis leer en las fotos, os transcribo la cabecera con la que empiezan todos los cuentos de Navidad (aunque cada año varía el cuento claro, y siempre se cobran 3 monedas: doblones, penique o táleros, pero siempre tres):

"CUENTO DE NAVIDAD: Encargado especialmente por los duendes polacos a los Coalbiters del Nacht & Nebel Magazine - Impreso por los Gnomos Rojos (junto al Valle, bajo la Colina) - Diseño del logotipo: Enrique Ocaña - Material recopilado por Andrés Malpaso y obtenido de "Historias de fantasmas de la ciudad de Viena" - Nacht & Nebel es una publicación sin ánimo de lucro. Los tres táleros que se solicitan son: uno para el barquero, otro para el verdugo y otro para plantar un roble. En cualquier caso sólo esperamos que esto sea leido por hombres honrados."

Aqui veis unas fotos del cuento, tal como está editado:

Aqui veis la portada


Aqui las páginas interiores


y aqui la trasera


Para todos aquellos que habeis comprado el libro, si quereis que os lo mande, por mi encantado, así tendreis un cuento especial que guardar entre las páginas de vuestro ejemplar.
Sólo teneis que decirme a dónde os lo mando (me podeis enviar vuestra direccion a andresmalpaso@gmail.com)

Algunos os preguntareis pero, ¿mi dirección postal? ¿No mandas un archivo, un email, o un pdf? Es decir, ¿hablamos de irás al estanco, comprarás un sello y enviarás un sobre con una resma de papel, como en el siglo pasado?
Pues sí, aún quedamos de esos, apoyando románticamente el Servicio de Correos para que lleve a la gente algo más que facturas y cartas de los bancos. El mundo es como es, y en parte, como tú lo haces!

Parafraseando la frase que le dice el malvado a John Wayne en "Eldorado":
"...sólo conozco a tres personas que aún envíén cartas: uno soy yo, la otra es mi amiga Alicia, y el tercero es  Eric, del condado de Barcelona."

En fin, espero que os guste. ¡¡Un regalo de Navidad un tanto retrasado!!


Jesus.-


Pd.- Next step: intentaré subirlo en formato eléctrónico un día de estos para los que tengais ebooks. No creo que los chicos de Correos se enfaden conmigo por eso.



lunes, 20 de enero de 2014

Bienvenidos al Blog de "Reyes de Aire y Agua".

Pasen, pónganse cómodos. Pueden fumar. Hay hidromiel y galletas especiadas en la mesa. Si escuchan ratones bajo la tarima no se inquieten: aquí son bienvenidos.
Traigan instrumentos musicales, si lo desean, y toquen junto al crepitar del fuego y el repiquetear de la lluvia: Cantaremos con vosotros si nos pedis que nos unamos al coro.
Os deseamos que no encontreis aqui otra cosa que labios sonrientes y mejillas sonrosadas, y si nos ponemos graves, que sea para hablar de misterios lejanos.

Tiempo habrá de charlar de muchas cosas, pero no espereis que os lo contemos todo mientras aún estais mojados en el umbral, dejadnos recibiros con una canción: una canción que contiene los versos de un poeta.

Otro día os hablaremos de ella, y de la verde Irlanda, y del joven Yeats, que compuso la letra, y de los Waterboys, que le pusieron música, y de los amigos que nos la descubrieron y de las lágrimas que se derraman oyéndola, y de las aguas y el regocijo y la esperanza y la pena por un mundo que tiene más pesares de los que podemos entender.

Os saludo, y os recibo con una canción; y si acaso hemos algún día de despedirnos, no nos habrá ido del todo mal si aún podemos despedirnos también cantando.

Afectuosamente vuestro.
Jesús Fernández.
El pequeño rey de esta charca. 



 The Stolen Child
(William Butler Yeats)

Where dips the rocky highland
Of Sleuth Wood in the lake,
There lies a leafy island
Where flapping herons wake
The drowsy water rats;
There we've hid our faery vats,
Full of berries
And of reddest stolen cherries.
Come away, O human child!
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand.
For the world's more full of weeping than you can understand.

Where the wave of moonlight glosses
The dim gray sands with light,
Far off by furthest roses
We foot it all the night,
Weaving olden dances
Mingling hands and mingling glances
Till the moon has taken flight;
To and fro we leap
And chase the frothy bubbles,
While the world is full of troubles
And anxious in its sleep.
Come away, O human child!
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand,
For the world's more full of weeping than you can understand.

Where the wandering water gushes
From the hills above Glen-Car,
In pools among the rushes
That scarce could bathe a star,
We seek for slumbering trout
And whispering in their ears
Give them unquiet dreams;
Leaning softly out
From ferns that drop their tears
Over the young streams.
Come away, O human child!
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand,
For the world's more full of weeping than you can understand.

Away with us he's going,
The solemn-eyed:
He'll hear no more the lowing
Of the calves on the warm hillside
Or the kettle on the hob
Sing peace into his breast,
Or see the brown mice bob
Round and round the oatmeal chest
For he comes, the human child
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand
From a world more full of weeping than he can understand



El niño robado
(William Butler Yetas)

Donde las rocosas colinas de Sleuth Woods
se hunden en el lago,
hay una isla frondosa
donde las garzas aleteando despiertan
a las somnolientas ratas de agua:
Allí escondimos nuestras tinajas feéricas
rebosantes de bayas
y de las más rojas cerezas robadas.
Ven, oh, criatura humana!
a las aguas y lugares solitarios
con un hada de la mano,
pues hay más llanto en el mundo que el que puedes comprender.

Donde la onda lunar barniza con su luz
las oscuras arenas grises,
más allá en los confines de Rosses
bailamos toda la noche,
tejiendo antiguas danzas,
mezclando manos y miradas
hasta que la luna ha huido;
saltamos aquí y allá,
cazamos las espumosas burbujas,
mientras el mundo está lleno de aflicciones
y duerme un sueño agitado.
Ven, oh, criatura humana!
a las aguas y lugares solitarios
con un hada de la mano,
pues hay más llanto en el mundo que el que puedes comprender.
 
Donde brota el agua errante
de las colinas que se alzan sobre Glen-Car
en pozos entre los juncos
que apenas bañarían una estrella,
buscamos la trucha dormida
y susurrando en su oídos
les damos inquietos sueños;
inclinándonos suavemente
entre helechos que lloran
sobre las jóvenes corrientes.
Ven, oh, criatura humana!
a las aguas y lugares solitarios
con un hada de la mano,
pues hay más llanto en el mundo que el que puedes comprender.


Con nosotros se está yendo
el de los ojos solemnes:
No oirá más el mugido
de los becerros en la templada ladera,
ni al caldero en la llama
cantando paz en su pecho,
ni verá los castaños ratones
agitarse en torno al cajón de la avena.
Pues viene, la criatura humana,
a las aguas y lugares solitarios
con una hada de la mano,
de un mundo donde hay más llanto que el que puede comprender.

(Versíon según la edición de Alianza Editorial "W.B Yeats. Antología Bilingüe." Traducida por  Enrique Caracciolo Trejo)

Nota: Como poeta no estoy completamente de acuerdo con la traducción de algunos versos, pero como he utilizado prácticamente toda la traducción de Caracciolo, he preferido dejarla intacta con sus aciertos y dificultades. Sean para él las quejas o la gloria y, desde luego, nuestra gratitud por traernos a Yeats.