lunes, 14 de septiembre de 2015

Algunos Hombres Buenos

"Memor senior, totus palma est volátilis"
("Recuerda, señor, que toda gloria es efímera")



Tenía en mente varias entradas que debería estar escribiendo antes que ésta: entradas meditadas y reflexivas sobre literatura y cuentos, pero esta mañana he asistido en directo a una curiosa conversación que me ha hecho saltar de la butaca.

Si por gruñón entendéis una persona que nueve de cada diez veces dice que lo que ve no le gusta, podéis considerarme un gruñón. Mis amigos lo hacen, no preocuparos por ello.

Yo, sin embargo, lo veo de otro modo: no es culpa mía que la mayoría de lo que se publica de unos años acá en editoriales grandes sea de una calidad aborrecible.
Durante un tiempo tuve mis dudas -¿Seré yo, Señor? ¿Seré yo?- pero de un tiempo a esta parte vengo leyendo en blogs y tuits voces sinceras, formadas y con criterio profesional quejándose amargamente de lo mal que eligen y publican editoriales que por su tamaño deberían aspirar, como poco, a la profesionalidad.
"¿Cómo este engendro de libro puede ser el lanzamiento estrella de este año?" Es la pregunta que me hago con más frecuencia de lo que quisiera. Y, por supuesto, un gran lanzamiento no es nada sin una cohorte de blogueros, youtubers, y reseñadores haciendo coro y glosando las (supuestas) bondades del libro que toque.

Hace poco charlaba con la Sta. Gabriella Literaria en animada conversación via Facebook sobre si leer cualquier libro, por malo que sea, era mejor que no leer nada. Es decir, que publicar best-sellers como churros, con argumentos repetidos ad nauseam, o con personajes más tontos que comer tierra podría tener como valor el hecho de que, aún con libros de baja calidad literaria, se ganaría para la lectura a un público que no iba a venir de la mano del Ulises de Joyce.
Yo argumenté que los libros malos son el equivalente literario a las hamburguesas: son fáciles, se comen rápido y no hace falta educar el paladar para disfrutarlas -traigo la comparación con las hamburguesas por una razón que luego verán.-

A poco que ustedes se muevan por los entresijos literarios y de los suplementos culturales se darán cuenta de que una reseña honrada no es tan fácil de encontrar como parece. No digamos que es siempre puro interés pero como -a diferencia de lo que se dice, cada hombre no es una isla- es fácil tener un amigo, un conocido o una editorial con la que uno no quiere enfadarse, la sinceridad no siempre reluce tanto como uno esperaría.
Os confieso que si algunos amigos míos me hubieran pedido una reseña sobre sus obras me hubieran puesto en un serio compromiso. 
Así pues quien encuentra un blog, un periodista o un reseñador con el criterio suficiente para hacer una crítica respetuosa y fundamentada, y sobre todo, sincera, puede decir que ha encontrado un tesoro.

Porque en este mundo se ve de todo: escritores que crean perfiles anónimos para elogiar sus propios libros, competidores que los crean para dar votos negativos a los libros de otros, blogueros y booktubers que con la mejor intención -y peor formación- ponen como un dechado de originalidad y maravilla libros más malos que la tiña y haters profesionales que sólo hacen que rebuznar -verán que lo de "haters" tampoco lo he traído a colación porque sí-.

¿Es esto la enésima critica contra los blogueros y reseñadores? Pues mire, no.

Esto es una crítica contra los escritores.

Leía esta mañana a través de twitter que el blog "Donde acaba el infinito" había posteado una reseña (dura, ya lo advertía su autor) sobre la novela "Puerto escondido" de María Oruña. 
Bueno, hasta aquí nada llamativo. Otro libro, otra reseña. Ni siquiera parecía un libro de género fantástico, que es donde yo tengo un mayor interés, pero como he conocido el blog hace poco, decidí echarle un vistazo -y vosotros podéis hacer lo mismo aquí-.

Ya el autor advierte que no ha podido pasar de las 100 primeras páginas, y desglosa -citando el texto original de la novela- las carencias que a su parecer padece. Sin palabras intensas, sin descalificaciones gratuitas: argumento y cita, y que el lector vea.

Como no me he leído la obra de la Sra. Oruña no estoy en disposición de afirmar si la reseña es errónea o acertada, pero es respetuosa y documentada (la gente confunde el respeto con el halago, y la crítica con la acritud) así que ahí debería haber terminado el asunto

...que no ha terminado por las respuestas que la escritora le ha dado a la reseña:

Qué riquiño,mi primer hater.Con sólo 100 pág. la reseña te ha quedado floja.Otra vez afila un poco más.Saludos!

Con 100 pág. no hay rigor,ni profesionalidad.Si reseñas,lee.Si prejuzgas,no lo hagas.Fácil.



Y eso sí me que me ha hecho escribir este post: ¿"Hater" alguien al que no le ha gustado la novela y cita ejemplos para argumentar su opinión? ¿Diminutivos condescendientes en vez de refutaciones serias? Parece que en este caso la que no da el nivel es la escritora y no el reseñador.

Los tuits rezuman ego por los cuatro costados.

Y yo me pregunto si no tendremos los escritores la responsabilidad de ser sinceros con nosotros mismos: una editorial importante coge tu libro, decenas -si no cientos- de personas alentadas, o no, por la editorial dicen que tu libro es lo mejor que han leído en su vida. Y tú empiezas a creer que eres la siguiente Emily Bronte.

Temo que la maquinaria editorial nos esté haciendo daño a los escritores, si te repiten el número suficiente de veces que tu libro es estupendo pensarás que el que no lo vea así es un "hater", un idiota, un troll, yo que sé, alguien que te tiene manía.

Pero tal vez, y sólo tal vez, tú libro es malo; o no es malo, pero es "mejorable".

Y si alguien adelanta el pecho a las balas y te dice educadamente "esto no lo has hecho bien", tal vez, y sólo tal vez, con algo de inteligencia eso te sirva para que el próximo sea mejor.

Por eso necesitamos criticas sinceras, porque las grandes editoriales no quieren buenos libros, no quieren buenos lectores, lectores exigentes. Un lector exigente hace más difícil el trabajo de una editorial grande. Mejor lectores que traguen con todo, mejor lectores que coman hamburguesas: los filetes son caros, las hamburguesas baratas. ¡Hagamos que coman hamburguesas! ¡Vendamos hamburguesas!

Por eso necesitamos blogs sinceros, por eso debemos defender las criticas constructivas y honestas: sí, aunque señalen nuestros defectos.

Por eso necesitamos un puñado de hombres buenos.


martes, 23 de junio de 2015

ALGUIEN COMO... PEPE.

(Ilustración de Marta Nael)

Todos los día cuando tomo el café, recibo lo que podríamos llamar una dosis de sabiduría de azucarillo: Leo con curiosidad la cita del sobre mientras el azúcar se deshace en la leche caliente.
Una de esas citas, de la que desafortunadamente no recuerdo el autor, decía más o menos: "El dinero hace personas ricas, los libros hacen personas sabias, pero sólo la humildad hace grandes personas."

Traigo esto a colación a raíz de una pequeña colaboración que he tenido el privilegio de realizar con el gran Pepe Mediavilla, actor que ha prestado su voz en España, entre otros muchos, a otros actores tan importantes como Morgan Freeman, Leonard Nimoy o Sir Ian McKellen.

Aunque conocía a Pepe a través de su trabajo, comencé a tomar un contacto más próximo con él a través de las grabaciones que desinteresadamente nos regala en su canal de Youtube y, concretamente, la que generosamente tuvo la amabilidad de obsequiarnos en la ultima reunión de la Sociedad Tolkien Española, que podéis escuchar aqui.

Humano y próximo, Pepe dialoga a través de las redes con quienes admiramos su trabajo, aceptando los elogios, preguntando opiniones y solicitando textos a los que prestar su profunda voz.

Más pensando en que le gustara, que imaginando que tendría tiempo que dedicarle, le envié un poema que escribí hace tiempo para esas personas que, de alguna manera, hacen que la vida brille un poco más y que merezca un poco más la pena levantarse cada mañana.
No era un poema que tuviera nada que ver con mis cuentos, ni con mis libros, sino un poema casi familiar, conocido en el pequeño reducto de un par de recitales y el agradecido publico que conforman las polillas de cajón.

Pepe me escribió enseguida diciéndome que le había encantado y que le gustaría grabarlo con mi permiso y el resultado es lo que podéis escuchar más abajo. 

En los pocos emails que hemos intercambiado hasta que la cosa quedó terminada he descubierto una persona generosa, enamorada de su trabajo, deseosa de seguir descubriendo y aprendiendo, perfeccionista, pero sobre todo humana, que se siente recompensada con sólo saber que lo que hace tiene un eco en las vidas de otras personas.
Y vaya si lo tiene. Estoy convencido que sus grabaciones perdurarán años -yo al menos he empezado a guardarlas como pequeños tesoros- y que al genio de los que escribieron (Poe, Thomas, Tolkien, Rafael de Leon...)  quedará unido el talento y el corazón que Pepe, al que podéis seguir en su canal de Youtube  o en su perfil de Facebook.

Pasaos, dadle vuestra opinión, decidle lo que habéis sentido escuchando tal o cual poema, porque la gratitud es la moneda con la que se pagan las cosas que se dan sin pedir pago alguno.

Y compartid el poema, si es que le concedéis algún mérito al escribiente, decidle a todos aquellos que queréis, que la vida merece más la pena gracias a ellos. 
Porque los te quieros son gratis y se usan demasiado poco.  


Y a Pepe: Muchas gracias, Maestro.



Alguien como tú.

El dolor, el sudor, y la brea
no están hechos para ti.
Ni los besos mentirosos.
Ni las espinas
o las astillas.

Las pequeñas traiciones
no están hechas para ti,
ni las tristes  decepciones
ni los domingos
o los lunes.

El mundo debería descubrirse
ante alguien como tú,
y arreglarse el pelo,
y abrocharse los botones.

A alguien como tú
no debería rozarle el barro o la escarcha
ni el gris de los días grises
ni el azabache de las noches negras.

Alguien como tú
debería caminar sobre terciopelo verde
desde el alba al crepúsculo
con dalias en el pelo y mejillas fragantes
y un cielo claro y una brisa amigable.

Alguien como tú
debería pasar dulcemente por el mundo
para que los que estamos abajo
con el rostro tiznado
y heridos de pequeñas tristezas
recordemos que la vida
también puede ser
hermosa.


Pd.- Gracias también a Marta Nael, que nos ha dado su permiso para reproducir la hermosa ilustración de la cabecera de hoy.












martes, 19 de mayo de 2015

Gilbert Keith Chesterton y el Angel Rojo


A través de unos buenos amigos ha llegado hasta mi un texto un poco más extenso de Chesterton en el que reflexiona sobre los cuentos de hadas más allá de su frase lapidaria y archiconocida (Los cuentos de hadas son incluso más que verdaderos: no porque nos digan que los dragones existen , sino porque nos dicen que los dragones pueden ser vencidos.)

Para desdicha de Chesterton el texto me ha llegado en su lengua original así que mi viejo y amarillento diccionario Collin Pocket y un insensato valor me han hecho acometer una traducción, tal vez algo silvestre, que espero me perdonen mis amigos más angloparlantes.
Más allá de alguna finura de sentido creo que el espíritu del texto sí está bien reflejado e ilustra con la habitual inteligencia de Chesterton, el amor que compartimos con él por los cuentos.
No obstante y, cosa que os recomiendo, quien quiera ver el texto completo en su lengua original puede hacerlo aqui.

Disfrutadlo, 

“Encuentro que hay seres humanos que piensan que los cuentos de hadas son malos para los niños…  una dama me ha escrito un educada carta diciendo que los cuentos de hadas no deberían enseñarse a los niños ni siquiera en el caso de que fueran ciertos. Dice que es cruel contarle a los niños cuentos de hadas, porque los atemorizan. Podrías decir igualmente que es cruel darle a las chicas novelas románticas porque eso las hace llorar. Todo este tipo de charla se basa en el completo olvido de lo que un niño es, lo cual ha sido la base firme de muchos planes educativos. Si mantienes alejados de los niños a monstruos y trasgos ellos crearán los suyos propios. Un niño pequeño en la oscuridad puede inventar más terrores que Swedenborg. Un niño pequeño puede imaginar monstruos más grandes y oscuros que cualquier escena y darles nombres más ultraterrenos y cacofónicos que el grito de un lunático. Al niño, por empezar por él, usualmente le gustan los horrores, e incluso les da rienda suelta aunque no le gusten... El miedo no proviene de los cuentos de hadas; el miedo proviene del universo del alma.

La reserva del niño o del salvaje es enteramente razonable; están en alerta ante el mundo, porque este mundo es un lugar muy alarmante. No les gusta estar solos porque estar solo es una idea horrible. Los bárbaros temen lo desconocido por la misma razón que los Agnósticos lo devocionan: porque es un hecho. Los cuentos de hadas, entonces, no son responsables de producir miedo en el niño, o alguna forma de miedo; los cuentos de hadas no le dan al niño la idea de lo malvado o lo grotesco; eso está ya en el niño, porque eso está ya en el mundo. Los cuentos de hadas no le dan a los niños su primera idea de los monstruos. Lo que los cuentos de hadas le dan al niño es su primera idea clara de la posibilidad de vencer a esos monstruos. El niño sabe íntimamente del dragón desde que tiene imaginación. Lo que el cuento de hadas le trae es un San Jorge para matarlo.

Exactamente lo que el cuento de hadas hace es esto: lo acostumbra mediante una serie de imágenes a la idea de que esos terrores ilimitados tiene un límite, que esos enemigos informes tienen enemigos en los caballeros de Dios, que hay algo en el universo más místico que la oscuridad y más fuerte que la fuerza del miedo. Cuando era un niño, miraba la oscuridad hasta que su masa negra se transformaba en un gigante negro más alto que el cielo. Y si había una estrella en el cielo eso sólo lo convertía en un cíclope. Pero los cuentos de hadas me devolvieron la salud mental, pues al día siguiente leí una auténtica historia de cómo un gigante negro de un ojo, de similares dimensiones, había sido engañado por un pequeño niño como yo (o igual de inexperto o incluso de ascensión más modesta) con una espada, algunos acertijos y un corazón valeroso. A veces el mar de noche es tan terrorífico como cualquier dragón. Pero entonces supe de algunos hijos menores y pequeños marineros para los cuales  un dragón o dos eran algo tan natural como el mar.

Tomemos el cuento más horrible de los Grimm en sucesos e imágenes, el excelente cuento de “Juan sin miedo” y veréis lo que quiero decir. Hay algunos auténticos sustos en ese cuento. Recuerdo especialmente las piernas de un hombre cayendo por una chimenea y caminando por sí mismas alrededor de la habitación, hasta que se unieron a una cabeza y un cuerpo que cayeron tras ellas. Bastante bueno. Pero la cuestión de la historia y la cuestión de cómo el lector se siente no es que estas cosas sean aterradoras, sino el hecho mucho más contundente de que no asustan al protagonista… les da un palmada en el hombro e invita a los diablos a beber con él; más de una vez en mi juventud, cuando me he visto sofocado por algún moderno horror, he rezado por una doble ración de ese temple. Si no has leído el final de la historia, ve y léelo. Es la cosa más sabia del mundo. El héroe al final aprende a temblar cuando, al casarse, su esposa arroja sobre él un cubo de agua fría. Hay en esa escena más auténtico sentido del matrimonio que en todos los libros sobre sexo que cubren Europa y América.

En las cuatro esquinas de la cama de un niño aguardan Perseo y Rolando, Sigfrido y San Jorge. Si tú le hurtas esa guardia de héroes no lo estás haciendo más racional; solamente le estás dejando que luche contra sus demonios él solo. Porque los demonios son algo en lo que siempre hemos creído. El más esperanzador elemento del universo está en estos tiempos modernos continuamente rechazado o reafirmado, pero la desesperanza no ha sido en ningún momento desmentida..."

G.K. Chesterton

domingo, 15 de marzo de 2015

CONCERNING TERRY



No pretendo hacer una loa literaria de las enormes cualidades como escritor que poseía Terry Pratchett: cientos de webs literarias han dejado ya con justicia testimonio de ello.
Tampoco suelo hacerme eco, más allá de un apenado encogimiento de hombros, de los fallecimientos que con notarial puntualidad la red nos va notificando: Tal o cual cantante, tal o cual escritor, tal o cual actor...
Ésta ha sido una semana muy triste: desde que el 12 de Marzo se hiciera pública la noticia de que Sir Terry Pratchett había dejado el mundo para evitar atascos, tengo un nudo en la garganta. 
Los libros de Terry han significado para mi muchas veces una tabla de salvación en momentos realmente complicados de la vida: los atesoraba para tiempos realmente malos, como quien guarda el vino bueno, o el Punto de Fuerza por si el suelo desaparece súbitamente debajo de uno.
Bueno, cosas mías.

O tal vez no.

Una de las cosas de las que me he dado cuenta esta semana a medida que iba leyendo las noticias y homenajes que tanto los periódicos como los fans hacían a Terry era que ese sentimiento era bastante común entre sus lectores: "Estoy al borde de las lágrimas", "sus libros me acompañaron en épocas difíciles", "siento que se ha ido un gran amigo"... 
Nunca había leído nada parecido de ningún otro.

Eso me ha dado que pensar sobre su grandeza no sólo como escritor, sino como persona y, si escribo esto ahora contra mi costumbre, es porque Terry no era un escritor como los demás. Terry era Terry.

Siempre es triste que muera una persona con talento. Recuerdo haber recibido con pesar la noticia del fallecimiento de grandes escritores y con la sensación de que el mundo será un poco más aburrido sin ellos, pero con ninguno he sentido que se me iba un amigo.
Un escritor puede plantearte futuros distópicos, hacerte reflexionar, agrandarte como persona, hacerte soñar con maravillas nunca vistas, pero nadie como Terry Pratchett te hacía pensar tanto en el ser humano, con nuestras miserias, ambiciones, esperanzas...

Las obras de Pratchett rebosan de un profundo conocimiento del corazón humano y un profundo amor por las personas corrientes. Son cientos los pasajes de su obra en los que nos muestra detrás del velo de una escena épica que hay gente anónima tirando del carro, levantándose temprano, que alguien ha tenido que quedarse toda la noche puliendo la armadura del jefe para que brille de ese modo al amanecer.
Pero Terry consiguió algo que parecía imposible antes de él: Unió lo mejor de dos visiones hasta entonces irreconciliables, la Fantasía y la Realidad.
Sin abandonar los cánones del género Terry le dio la vuelta al espejo para que al final nos reflejase a nosotros: muchas de sus novelas son feroces críticas usando el humor como ariete. Ya lo decía Neil Gaiman al referirse a él: "la gente piensa que Terry es un hombre divertido, pero en realidad es un hombre enfadado".
Enfadado con los poderosos, con los ambiciosos, con los que creen que el mundo se ha creado para su beneficio.
Lo que diferencia a Terry de los demás escritores es que él estaba en sus libros, podías palpar su humanidad a través de sus obras, y era una humanidad cálida, tierna y valiente, que te dice: hasta el mayor de los héroes tiene que lavarse los calcetines.

Y ahí estamos nosotros, justo en ese momento -oh, casualidad- lavando nuestros calcetines y pensando: "entonces... yo podría ser un héroe".

Buen viaje Terry. 

Nos vemos cuando acabe el atasco.















lunes, 19 de enero de 2015

TODO ESTO PARA FORJAR LA ESPADA



Iba a escribir una entrada muy distinta a esta ahora que ha terminado un año particularmente intenso, en el que nuestro "Reyes de aire y agua" ha surcado los caminos empujado por vientos ciertamente venturosos.
Un año tan intenso que me ha tenido retirado prácticamente el último mes, como un oso que se retira a su cueva después de un verano especialmente abundante.
Tengo que dar las gracias a mucha gente por este año, y sin duda serán dadas, pero no hoy. Hoy sólo puedo compartir con vosotros esta pequeña joya forjada en las fraguas de los Innerlands que me ha hecho estremecer con inmerecida satisfacción.
En este vídeo se contiene toda una Teoría de la Literatura que, como todas las cosas mágicas, no necesita de mucha explicación para entenderse.
Aquí está una canción de herrero que escribí hace mucho tiempo sobre cómo forjar todas las cosas que contiene una espada: La Fortuna y la Desgracia, la Ira y la Serenidad, el suave filo y el duro tajo...
Siempre que termino canciones y las enseño a los amigos recuerdo aquella frase de El Hobbit, cuando Tolkien escribe la letra de las cantos de los enanos y añade, bueno, aquí tenéis la letra aunque sin la música no os dirá nada.
Bueno, por una vez, yo escribí la letra y los Innerlands la música y a diferencia de las canciones antiguas que sólo podemos imaginar cómo o quién las cantaba, esta vez tenéis la letra y la música juntas: con Santiago Alvarez (viejo amigo, que no amigo viejo) poniendo una voz bastante más intensa que la mía y los Innerlands haciendo que en el aire floten las ascuas.
Pocos regalos mejores me podían hacer para empezar el año. Y como quien parte un pan del camino, me alegra enormemente compartirlo con vosotros. Con orgullo, pero no por el mayor o menor talento con el que uno haya podido escribirlo, sino orgullo por tener amigos como estos

Os dejo el link de Facebook donde puede verse el vídeo (lo siento pero no lo he encontrado en otra parte para haceros el enlace directo) y debajo el texto de la canción que recita Santi.

https://www.facebook.com/video.php?v=10203626423836703&set=p.10203626423836703&type=2&theater&notif_t=comment_mention


La Forja

Hierro fundido en chorros candentes
sigue la senda que marca el herrero,
forma el filo curvo del hacha,
la punta afilada del fiero venablo.
Hierro fundido en el hogar ígneo
se dócil al toque del martillo
Toma la forma de la hoja del dios ciego.
Conviértete en susurro, conviértete en suspiro,
conviértete en tajo, conviértete en siseo.
Hoja de hierro rodeada de pavesas
déjate calentar por la madera de roble.
Deja que el ascua inflame tu ímpetu.
Forma la espada que busque la sangre.
Forma la hoja que corte la piedra.
Hoja ardorosa recién salida del horno
deja que la nieve calme tu ímpetu,
deja que las runas te cubran de magia.
Kurspolski, enano de la fragua,
abandona tu asiento junto a los leños
y derrama tu saliva hirviente sobre el bruñido acero.
Baila sobre el filo de la hoja para concederle tus dones
para que no la melle el romo escudo,
para que no la devore la herrumbre, esa puta.
Baila, Kurspolski, alrededor del fuego
junto a las hadas de la lumbre.
Bendice la obra de este herrero con tus manos abrasadoras.
Tiras de cuero, esqueletos, huesecillos de rata,
el cabello de la piedra, las lágrimas del musgo,
la Desgracia y la Dicha:
todo esto para forjar la Espada.




Pd: Gracias, chavales.

lunes, 15 de diciembre de 2014

CAMPBELLS





En "Rafensthalf", uno de los cuentos de "Reyes de aire y agua" se cuenta el por qué a ningún miembro del Clan Campbell se le permite la entrada al Castillo de No, y también, por qué cualquier Campbell es bien recibido por nosotros.

A lo que parece, aún se cruzan Campbells en nuestro camino: que todos ellos tengan una vida larga y próspera.

Dedicado, con cierto asombro, a nuestra reciente conocida, la Sta. Grabiella Campbell,



La Carga del Mayor Donald Campbell sobre el Castillo de No:

"...finalmente lograron atravesar el arco del rastrillo y Sean corrió en dirección a donde había dejado el caballo mientras arqueros prevenidos por el alboroto arrojaban sobre ellos una lluvia de flechas. En esto fueron afortunados pues muchas de ellas cayeron a su alrededor hiriendo la tierra, pero una acertó al muchacho en el pecho y logro derribarlo. Y Petunia no sabía si seguía con vida hasta que a duras penas se puso en pie y con paso vacilante siguió avanzando hasta el caballo. Con la ayuda de la dríada montó en la silla, con ella a su espalda, y la joven le habló al caballo y éste trotó velozmente bosque adentro hacía las brumas que eran el final de aquel país de nieblas.
            Y lo hubieran logrado de no estar él tan débil, pero debido al brusco trote y a la pérdida de sangre no le quedaron fuerzas con las que sujetarse al caballo y cayó rodando por el suelo a pocos metros del brumoso bosquecillo. Y fue incapaz de levantarse por más que Petunia intentaba ayudarlo hasta que vio cómo los soldados del castillo se acercaban sin poder hacer nada por levantarse porque estaba muy malherido. Le pidió a ella que huyera pero ella no lo abandonó y él temió que aquello fuera el fin para los dos.
            En el umbral de la muerte pensó de nuevo en su casa, allá en Escocia, y en su mujer y en su pequeña hija y a pesar de todo se sintió afortunado, y las veía tan cerca que casi creía poder tocarlas e incluso le pareció escuchar una lejana gaita que entonaba con tristeza “La Valiente Escocia”. Pero la música no se extinguió y como si fuera un ensueño le pareció ver que unas figuras fantasmagóricas surgían de entre las nieblas y reconoció a un gaitero y a muchos otros hombres detrás y todos vestían su kilt con el tartan de los Campbell y a la cabeza le pareció ver al Mayor Donald Campbell que empuñaba su claymore con el brazo que le quedaba. Y vio que muchos venían heridos y les faltaban brazos o piernas o tenían terribles heridas en el rostro o en el cuerpo pero a pesar de todo avanzaban al paso del tambor y la gaita hasta que el Mayor Campbell levantó su espada, como Sean lo había visto hacer en las tierras de Francia antes de un ataque y el tambor comenzó un redoble y todo quedó en silencio un instante y “La Valiente Escocia” sonó atronando el valle a paso de carga hasta que la voz de soldado viejo del Mayor Campbell gritó: ¡Caballeros! ¡Por los Campbell! ¡Por Escocia! Y aquel ejército fantasmal se arrojó corriendo colina abajo entre terribles gritos hacía la guardia del castillo; y a Sean, antes de que un rayo de brillante sol le nublara los ojos, le pareció una hermosa imagen.
Y así fue que, tal como le había prometido a su madre, el Mayor Donald Campbell veló por Sean aún más allá de la tumba."



lunes, 3 de noviembre de 2014

HILANDERAS


Una de las cosas realmente mágicas de los relatos fantásticos -y cuando digo mágicas me refiero esta vez a la Magia de verdad, la que se produce realmente en nuestro mundo físico- es la posibilidad de cambiar nuestra percepción y por tanto nuestra vida, entendida como experiencia de las cosas. Lo que Tolkien llamaba sabiamente la visión renovada de la realidad.

Esa visión renovada es imprescindible para no morir demasiado pronto, porque la rutina es un gusano que a poco que te descuides te roe el corazón y el ánimo, y a fuerza de ver cosas maravillosas la Maravilla desaparece de nuestras vidas como un cuadro ante el que pasamos a diario sin percibirlo ya apenas.
Todo el mundo ha experimentado ese sentido de la maravilla en mayor o menor medida. Cualquiera que haya leído una historia de amor y haya decidido en ese momento regalarle una flor a su pareja ha sentido esa fuerza, la fuerza de recordar, de ver de nuevo ese cuadro ante el que lleva pasando un tiempo sin fijarse.
Con la Fantasía pasa igual: las historias fantásticas nos devuelven la visión limpia de una realidad, que es mágica o hermosa sólo en la medida en que la percibamos como tal.
También es verdad que hay lugares, circunstancias y momentos en los que la Fantasía lo tiene más fácil o difícil para irrumpir en nuestras vidas.
Un trabajo en una cadena de montaje o en una oficina 8 horas al día puede ponerte muy difícil recordar que en la vida hay un lugar para la sorpresa y el asombro.
Sin embargo hay personas y lugares alrededor de los cuales, a poco que te dejes llevar, la Fantasía encuentra asentadero y echa raíces, como una semilla caída en tierra húmeda.
Yo tengo la suerte de vivir cerca de uno de esos lugares en mi Córdoba natal: El Poney Pisador. 
Hay demasiadas historias alrededor de El Poney para que os las cuente aquí: El otoño empieza con su fiesta pirata, y no es raro encontrar al azar gaitas, violines y, Dios me perdone, algún bodhran tocando al fondo, debajo de la Puerta de Moria. En el Poney se han leido cuentos, cantando canciones y compartido libros.  Y sigue siendo un lugar encantador y lleno de Encanto, si ustedes saben a lo que me refiero.
Desde hace algún tiempo se reúne allí los domingos cualquier persona que quiera tejer y, ustedes me disculpan, hay cosas que no es igual hacerlas en un sitio que en otro. Al igual que no es lo mismo besar a alguien bajo la lluvia, en la tormenta, que en la mejilla al terminar de desayunar viendo la televisión.
No es lo mismo tejer una bufanda en casa a que se reúnan varias mujeres y tejan mientras charlan entre vigas de madera y toman bizcocho y té caliente. Hay algo atávico, ancestral, mágico en eso. Una Magia de la que probablemente ni ellas mismas se den cuenta pero que brilla para quien entrecierre los ojos y sepa verla. La Magia de dejar pasar el tiempo, la Magia de recordar que puedes hacer las cosas con tus propias manos, la Magia del vellón y la lana, la Magia desafiante de vestir, en un mundo donde el dinero es Señor Todopoderoso, algo que no ha podido, como la amistad y como la honradez, ser comprado.
Todo esto me lo trajo a la cabeza el grupo de tejedoras de El Poney y escribí una canción. Una canción sobre tejer: nuestras vidas, nuestro tiempo y por supuesto, también lana.
Y acaso también nubes. Y humo.



Hilanderas


Cuatro mujeres tejen las Nubes, que son el vellón del Cielo.
Una se llama Abedul. Una se llama Tejo. Una se llama Boj.
La cuarta tiene el pelo azul como un día claro.
Mira el hilo deslizarse por sus dedos, mira sus labios tejiendo la risa.

Cuatro mujeres tejen las Olas, que son el vellón del Mar.
Una se llama Arenque. Una se llama Salmón. Una se llama Fletán.
La cuarta tiene los labios rojos como una estrella marina.
La hebra del Tiempo corre rauda entre sus dedos,
el ratón que es la Muerte la busca para roerla.

Cuatro mujeres tejen el Humo, que es el vellón del Hogar.
Una se llama Cuchara. Una se llama Mantel. Una se llama Tazón.
La cuarta tiene la piel blanca de hilo fino.
Con sus nudos atan la Ventura a la cola del caballo.

Cuatro mujeres hilan lana en una mesa de roble:
El sayo que aleja el frío, la capucha que resguarda el pensamiento.
El chaleco que abriga el corazón y el guante que cobija los dedos.
Una se llama Paciencia. Una se llama Calor. Una se llama Dulzura.
La cuarta sostiene una taza humeante.
Con agujas de hueso mantienen unido lo que no debe separarse.


Córdoba. 30 de Ochobre de 2014.




Para las chicas de El Poney, para que sigan tejiendo.




martes, 30 de septiembre de 2014

CANCION DE TOPOS

Ahora que involuntariamente me he visto envuelto en el tema de las descargas gratuitas, pensaba escribir (tal vez lo haga más adelante) una larga entrada sobre mi opinión al respecto.
Sin embargo, para un escritor de cuentos de hadas como yo, la mejor manera que se me ha venido a la cabeza para explicarlo ha sido una canción.
Así que de entre todas las cosas que podáis leer a favor o en contra de las descargas gratuitas, ésta opta al premio de ser, seguramente, la más extraña y, tal vez, la más hermosa.

No os diré cómo cantarla -tampoco los topos me lo han dicho a mi- pero yo creo que habría que decir "arú-arú" muy suave, como arrullo a todas las cosas que crecen, como un murmullo a medio camino entre la canción de cuna y la canción de amor, si es que no son canciones de amor todas las canciones de cuna.
Yo canto muy mal, pero preguntadme cuando me veais y quizá pueda hacer un intento.

En realidad, esta canción habla de ser agradecido, de aceptar lo que otros nos dan sin que por ello creamos tener derecho a ello. ¿Libros? Claro, pero también Tiempo, Cariño o Esfuerzo.
Porque como decía el poema: "Nada es gratis, nada es gratis bajo este hermoso y traicionero cielo azul."



Arú-Arú
(Canción de los topos de Villa-Topo)

Había un jardín en Villa-Topo
arú-arú, lleno de flores.
Había un jardín en Villa-Topo
hasta arriba de azucenas.

Había un jardín en Villa-Topo
arú-arú, lleno de historias:
Las podías oir en la tarde
en el zumbar de las abejas.

Y los chicos venían, arú-arú,
a sonrojar sus mejillas,
Y las chicas venían, arú-arú
a bailar entre amapolas.

Pero cortaron las rosas, arú-arú,
para decir te quieros.
Y cortaron las violetas, arú-arú
para decir “te extraño”.

Y no les pagaron a los topos, arú-arú,
semiocultos en la tierra,
y no les pagaron a los topos, arú-arú,
 ni siquiera un colinabo.

Y no les dieron las gracías, 
ni les hicieron reverencias,
Las flores -dijeron los muchachos-
están hechas para los amantes.

Hemos dejado (arú-arú) - dijeron los topos-
de plantar colinabos,
amamos las flores (arú-arú)
tanto como vosotros.

Pero si no nos dais de comer, arú-arú,
si pensáis que las flores crecen de la nada
sabed que los topos cantan, arú-arú,
a las raíces invisibles.

Y no podremos ya cantar nuestro arú-arú
con el estómago vacío:
Dadnos un solo colinabo
y no morderemos las raíces.

Pero los jóvenes eran imprudentes
“Cantad si queréis y nosotros bailaremos.
Cantad si es que eso os gusta.
Las canciones están hechas para oírse.”

Los topos se entristecieron, arú-arú…,
y volvieron a la tierra.
La siguiente Primavera, arú-arú,
no quedaba ni una rosa.

Los jóvenes gritaron y pegaron su oido al suelo
y no oyeron (arú-arú) canción alguna:
Bajos los tocones secos, crunch-crunch,
sonaba el rumor  del hambre.

Había un jardín en Villa-Topo
arú-arú, lleno de flores.
Había un jardín en Villa-Topo.
Había un jardín…


Córdoba. 30 de Septiembre de 2014.

lunes, 8 de septiembre de 2014

No cuesta nada ser amable



Recientemente nos hemos enterado de que algunos foros han puesto nuestro "Reyes de aire y agua" en descarga gratuita. Bueno, mi actitud ante las descargas gratuitas no es abiertamente beligerante (sería incluso más benevolente si a fecha presente le hubiéramos recuperado al libro alguna parte de lo que nos hemos gastado solamente en billetes de tren para presentaciones), sin embargo hay algunos matices en los que sí me gustaría insistir.
En principio la descarga gratuita no me parece especialmente dañina. Lo que la hace buena o mala para la literatura es lo que el lector haga DESPUÉS.

Como a mi me gusta charlar y entendernos, les he escrito una nota a los miembros de uno de los foros en los que he visto el libro (me disculpáis que no lo especifique, no se trata de señalar a nadie).

Os lo copio a continuación.

(Por cierto, no me he podido resistir a la imagen de cabecera. Estaba buscando imágenes de gente leyendo y el "Playghoul" ha sido demasiado. Tenía que ponerlo!)




Hola, amigos de XXXXXXXX,

mi nombre es Jesus Fernández y soy el autor de uno de los libros que tenéis en vuestro foro en descarga gratuita, concretamente, "Reyes de aire y agua", un libro de cuentos de hadas.
El libro no está libre de derechos, así que, si nos ponemos políticamente correctos, el libro no debería estar ahí.

Bien, ahora, bajemos al mundo real.

En primer lugar quisiera felicitaros por la estructura del foro: las normas me parecen respetuosas y, para un lector como yo, la contemplación de tantos libros juntos no deja de producirme un cosquilleo de satisfacción.
No os miento, me alegra que alguien se tome interés en mi libro, sin embargo son ya muchos años de debate sobre si el libre acceso a cualquier libro es legitimo o no y ya sabemos, a poco que hayamos pensado un poco el tema, que el tema es complicado.

Bajar al mundo real como escritor significa asumir que la tecnología hace imposible controlar quien paga por tu libro; ni siquiera voy a detenerme en eso.
Han sido tantos años pagando sobreprecios a las industrias culturales que entiendo que a poco que ha habido una rendija por donde evitarlas se haya producido un movimiento de péndulo hacia la gratuidad total. Como alguien al que le han racionado el agua y de pronto descubre que puede beber toda la que quiera.

Pero cuando llevas un rato bebiendo te das cuenta de que si nadie va a por más agua, al final no bebe nadie.

La descarga gratuita tiene muchos matices que no tiene el libro físico: yo ya sé que el mero hecho de descargar no supone leer (u escuchar), y que el mero hecho de leer u escuchar no supone que te guste.
Eso es una gran ventaja que aporta internet: te permite probar el producto antes de pagarlo. Antiguamente, si después de leer un libro te parecía una mierda, sólo podías tener la sensación de haber tirado tu dinero.
Por cierta dignidad de autor, yo no le exigiría a nadie pagar por un libro que le parece abiertamente aburrido.
Pero ¿qué pasa con los libros que nos gustan? Nada. Quiero decir, nada que no dependa de nosotros. Nadie nos va a obligar, excepto quizá, la responsabilidad.

Llevamos años quejándonos de las cosas que se hacen mal, de las ediciones de libros que no podemos pagar, y cuando la tecnología nos permite hacer las cosas de otra manera, cuando los autores pueden poner a disposición de sus lectores los libros a precios impensables hace 10 años ¿vamos a boicotear a la gente que quiere poner los libros baratos, porque no estamos dispuestos a pagar un par de euros?

Ahora es el lector el que tiene que bajar a la realidad, a la realidad de un mundo complicado en el que casi nadie lo tiene fácil, y en el que, oh sorpresa, no todos los escritores tienen fortunas que les permitan dedicar todo su tiempo a escribir.

No es una cuestión estrictamente literaria, sino de tener una actitud nueva y responsable. Tal y como están las cosas, lo que compras tiene más impacto a nivel social que lo que votas.
¿No te hace gracia pagar por algo? Bienvenido, a mi tampoco me apetece levantarme todos los días a las 8 para ir a trabajar.
La cuestión no es si algo me gusta o no, sino si eso que no me gusta me da otras cosas que valgan la pena. ¡Claro que no me gusta trabajar 8 horas diarias! Pero mi trabajo me permite ir al cine, comprarle un regalo a mi chica, tomarme un Brugal-Cola con los amigos el sábado, vivir fuera de casa de mis padres... No me gusta trabajar, pero mi trabajo sí que me permite tener cosas que quiero.

Con pagar por los libros pasa algo parecido: sería mejor si no hubiera que hacerlo (ey! a mi también me gustaría levantarme a las 12 todos los días!) pero si no lo hacemos me estoy arriesgando a que ese escritor que tanto me ha gustado no escriba más.
Vale, vale, no penséis que estoy con el discurso idiota de que la piratería mata la cultura: a saber qué entienden por cultura los que más lo gritan ¿el ultimo disco de Melendi?
Lo que quiero decir es que si un autor que empieza en una editorial pequeña, que tiene pocos recursos, no consigue pagar sus facturas a final de mes, va a cerrar. Y ya no vas a leer más libros de ese escritor; sin embargo, vas a seguir escuchando en la radio a Melendi. Tú verás.

Y no es solo cuestión de dinero. Al menos no en mi caso. Es una cuestión de mentalidad y de respeto. Yo mismo les he enviado mi libro a personas que me han dicho "lo quiero leer, pero ahora me es imposible, que la cosa está fatal".
Se trata de confiar en las personas, y alguien tiene que dar el primer paso, y no me importa que seamos los autores.
¿Pero qué ocurre si una persona en la que has decidido confiar demuestra que no es de fiar? Pues que se instala una mutua desconfianza en la que se paga por adelantado y las manos donde pueda verlas.
No me gusta eso, y hay muchas formas de ser respetuoso con un autor pequeño (y con uno grande, pero bueno, si le escribís una carta dándole las gracias a Dan Brown seguramente no la va a leer).
Si uno se ha descargado un libro y cuando lo lee le gusta mucho y por circunstancias de la vida no puede pagar los 3 euros que puede valer hay formas de devolver el favor: hablad del libro, decid por qué os ha gustado, colgad una opinión en los foros donde lo habéis encontrado, la difusión también tiene un valor económico y si no quieres/puedes dar tu dinero, tu tiempo también es valioso, págalo con un poco de tu tiempo. Escríbele al autor, dile que el libro te ha hecho pasar algún momento especial: un escritor aguanta escribiendo si les das dinero o ánimo.
Yo, de momento, me puedo permitir cartearme con mis lectores, y vamos tirando más de animo que de dinero.
Y, al igual que entiendo a quien quiere leer y no lo puede pagar, no me gusta quien cree que tiene derecho sobre mi tiempo. Quien cree que, como me ocurrió ayer, yo tengo que quedarme en casa sin ir al cine, escribiendo, para su placer personal.
¿No os habéis enfadado alguna vez con alguien que nunca da las gracias? Esa es la misma sensación que tengo con la gente que cree tener derecho sobre cosas a las que otra persona ha dedicado mucho tiempo.
No es una cuestión de dinero, sino de respeto. Y de responsabilidad, por supuesto: cuando sí que te lo puedas permitir, recuerda qué escritores pensaste que merece la pena que sigan escribiendo.

En fin, amigos, tan pequeña es Cápside Editorial, que hasta me ha sorprendido ver nuestro libro en descarga gratuito. Si eso significa que alguien piensa que es un buen libro, muchas gracias.
Ya veis que este mensaje no es para hacer publicidad: no os cuelgo links ni a blogs, ni a enlaces, ni a nada, si lo queréis comprar basta un googleo y ya encontrareis donde.

Era sólo para exponeros mi punto de vista, para deciros que si lo habéis leído y os gusta, lo escribáis, con las cosas buenas y malas que hayáis visto. Y, si caéis cerca de donde yo vivo, hasta para tomarnos un café.

Afectuosamente,


Jesus Fernández.

viernes, 18 de julio de 2014

BIRD-HOUSES (Pajareras)




BIRD-HOUSES (Pajareras)
Un cuento dedicado a todos los que creen que la fantasía sí puede cambiar el mundo, y también para Carmen, Lucía y Alvaro.


"Hace muchos años, cuando era pequeño, mis padres y yo vivíamos en un piso en un barrio de la ciudad. Era un buen barrio, con sus comercios, sus vecinos en bata y algunos árboles, naranjos en su mayoría. A la caída de la tarde se podía escuchar el piar de las golondrinas que subían raudas calle arriba, y a los verdones semejantes a esmeraldas subidos a las antenas de televisión.
Teníamos una pequeña terraza que fuimos llenando de flores con el tiempo. A mi padre no le gustaba comprar flores, prefería replantarlas o recibirlas como regalo y así, la mayoria de sus plantas le recordaban a alguien y era como tener siempre a amigos junto a nosotros. Mi padre tenía la costumbre de ponerles nombres a sus plantas con el diminutivo de la persona que se la había regalado, y muchas veces hablaba de las plantas como de sus propios amigos: "Mira cómo se ha puesto Santiaguito" (Santiaguito era su planta favorita, porque casi se secó una vez, pero con muchos cuidados siguió creciendo hasta hacerse casi un pequeño arbusto. "Nunca hay que abandonar mientras quede un jirón de vida" -me repetía siempre mi padre. Y eso le valía para todo lo demás. Y Santiaguito le recordaba que a veces, si no pierdes la esperanza, la vida crece y se vuelve preciosa).
A mi me gustaban los pájaros y cuando los oía desde el salón corría a la terraza a ver pasar las manchas negras que eran las golondrinas en el aire. Nunca se paraban y yo imaginaba que una golondrina que no se detiene nunca tiene por fuerza que dar la vuelta al mundo y volver por el otro lado.
Sin embargo los pájaros nunca se posaban en nuestra terraza, ni se posaban en Santiaguito, ni en el pequeño rosal de pitiminí, ni en la verbena morada que caía como agua verde hacia la calle.
Un día, paseando por nuestro barrio, vi en el escaparate de una tienda de animales una preciosa casa para pájaros de madera verde y tejado a dos aguas. Le dije a mi padre: si los pájaros vinieran a nuestra terraza podríamos comprarles esa casita y podrían guarecerse en ella cuando lloviera y estar resguardados en invierno cuando haga frío. Pero los pájaros no vienen. Si no fueran tan desconfiados, yo les podría alpiste y grano de linaza y un cuenquito de agua para que se refrescaran en verano. No saben que yo los cuidaría siempre.
Mi padre estuvo pensando un momento y después entró y compró la casita.
Un fin de semana que tuvo tiempo libre la colgó de la pared de nuestra terraza, y puso un pequeño comedero con alpiste, y la rodeó de plantas para que estuviese bonita, y allí la dejó. Una casa sin pájaros.
Yo no entendía por qué mi padre había comprado una casa y se había dado ese trabajo para unos pájaros que no venían.
Pasó una semana, y otra, y le pregunté a mi padre "¿por qué has colgado una casa de pájaros sin pájaros?."
"¿Quién dice que no vienen pájaros?" -me respondió mi padre. "Todavía no ha venido ninguno" -dije yo. "Todavía no, todavía no." -sonrió.
Pero una tarde oí un ruido fuera y salí a mirar a nuestro balcón. Seguía sin haber nadie: ni una pluma, ni un manchón negro que se perdiera en el cielo. Sin embargo, el alpiste estaba todo removido y habían caido algunas semillas fuera del comedero.
Nunca llegué a ver pájaros en nuestra terraza, pero cada vez que rellenábamos el cuenco con comida y agua, amanecían revueltos y con pequeñas plumillas flotando por haberse bañado.
De eso hace mucho tiempo y ahora vivo en otra casa con un pequeño jardín. Me entero por el periódico que el Ayuntamiento está talando la mayoría de los antiguos árboles de mi barrio. 
Le leo a mi hija por las noches "La hija del rey del pais de los elfos" y se me queda mirando muy seria y me pregunta "¿existen los elfos?" "Claro -le respondo- en un pais muy lejano". "¿Por qué no vienen a nuestro jardín?" -insiste. 
Y yo he decidio hacer algo al respecto. Así que un fin de semana que he tenido tiempo libre estuve trabajando un ratito en el jardín: tracé un circulo y fui aplanando la hierba con el pie alrededor, planté flores pequeñas y blancas. 
Pasaron unos meses y de cuando en cuando volvía al círculo y le quitaba un par de malas hierbas que pudieran estar creciendo y las ponía en otro lado. Las malas hierbas, como nosotros, no tienen la culpa de nacer donde nacen. 
-¿Qué es eso que plantaste? -preguntó mi hija.
-Un círculo de hadas -respondí.
-Pero no ha venido ninguna.
-Todavía no, todavía no..."